Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
24 de Abril: José Antonio

María del Pilar Amparo Pérez García

 “Tenemos una fe resuelta en que están vivas todas las fuentes genuinas de España.

España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos, por la división engendrada por la lucha de clases.

Cuando España encuentre una empresa colectiva que comprenda todas esas diferencias, España volverá a ser grande como en sus mejores tiempos.”(1)

(Enlace: http://www.youtube.com/watch?v=f4CSz8DVg_Y)

        Este es el único documento cinematográfico que existe de José Antonio Primo de Rivera, por ello adquiere más valor, si cabe, aparte de que sus palabras son completamente extrapolables a nuestros días. Con este pensamiento el Fundador realizó una síntesis de la situación en la que estaba sumida España y es triste darse cuenta que ahora nos encontramos en la misma encrucijada, o quizá peor pues la falta de principios espirituales y morales puede ser, si cabe, mayor, además de la corrupción generalizada que empeora aún más las cosas.

 

 
       La figura de José Antonio es fascinante ya que realizó su obra en solo tres años, dando un valor añadido a su persona y a su pensamiento. En esos años supo despertar a un pueblo dormido, escondido por el miedo y el terror que gobernaban las calles. Con su dialéctica, su poesía y su ejemplo llegó a los corazones de los españoles y les hizo entender que debían defender, luchar y hasta morir, si hacía falta, por una España mejor.

 

         Hoy, 24 de abril de 2012, se cumplen 109 años de su nacimiento, y sigue siendo recordado por muchísimos españoles y extranjeros, cosa que no sucede con casi ningún político de su época.

       Personas como José Antonio con esa capacidad intelectual y política aparecen muy poco a lo largo de la historia de los pueblos, la tarea de nuestra hora es rescatarlo para España en estos momentos de zozobra que vive nuestra Nación: El españolito con más gancho, con más misterio, con más duende, con más ángel, de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin, se llamaba, y se llama, José Antonio Primo de Rivera. Urge sacar del olvido a este personaje, a este heredero de Hércules y de Ruiz Díaz de Vivar, a este sumo sacerdote —el último seguramente— de la religión del iberismo. Quizá su ejemplo nos pueda dar una pauta y una llave para abrir la oscura puerta del futuro. José Antonio Primo de Rivera es el español más interesante (y más desaprovechado) de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin. (2)

       Todo su pensamiento está totalmente vigente y si ya, en el Estado del 18 de julio, se aplicó una parte del Nacional Sindicalismo, en nuestros días la única solución a los gravísimos problemas que aquejan a nuestra Patria, habrá que buscarla en el Ideario que José Antonio y los demás fundadores nos dejaron. La Falange proponía… la elevación del tipo de vida del obrero, hasta procurarle no sólo el pan, sino el hogar limpio, el solaz justo y los lugares de esparcimiento que necesita una vida humana. (3) En estos momentos, los trabajadores han perdido sus derechos y han olvidado sus deberes. La Justicia Social es una bandera que siempre enarboló José Antonio: Necesitamos dos cosas: una nación y una justicia social. No tendremos nación mientras cada uno de nosotros se considere portador de un interés distinto, de un interés de grupo de bandería. No tendremos justicia social mientras cada una de las clases, en régimen de lucha, quiera imponer a las otras su dominación. (4) Todas las conquistas sociales han sido arrojadas por un acantilado, los españoles, de nuevo, se dejan llevar por aquellos que dicen defender sus derechos, tanto izquierda como derecha, cuando lo que verdaderamente les favorecería es la armónica unión de ambos. José Antonio dejó claro que su Ideal siempre llevaba indisolublemente unido lo social y lo nacional: España, desde hace mucho tiempo, lleva una vida chata, una vida pobre, una vida triste, oprimida entre dos losas que todavía no ha conseguido romper; por arriba, la falta de toda ambición histórica, la falta de todo interés histórico; por abajo, la falta de una profunda justicia social. (5)

       Nos ha tocado a las generaciones actuales, a los jóvenes de hoy, abrir los ojos a la vida en la siguiente situación: el mundo viejo, y el orden social quebrándose, deshaciéndose, y una Patria grande y poderosa antes, en ruina; el sistema capitalista agonizante. (…) Es necesario que seáis los aguafiestas de España; que cada uno os convirtáis en un aguijón para hacer ver a todos que no nos resignamos con semejante estado de cosas. Esta es nuestra tarea, y para ella es preciso reclamar un primer puesto. (6) José Antonio supo asumir su responsabilidad y hacer ver a los demás que tenían que estar preparados para defender a España, pues sin ellos, podría haber dejado de existir.

 

         Pero… ¿mereció la pena que este hombre dedicara los últimos años de su joven vida a dichos ideales? Puede sorprender la pregunta, pero al asomarse a la ventana de la realidad actual, no podemos hacer otra cosa que avergonzarnos. Durante todos estos años de mentiras y engaños no hemos sido capaces de estar a su altura, nos hemos dejado llevar por afanes e intereses personales, comportándonos de manera hipócrita y recluyéndonos nosotros mismos a tertulias banales en el café. No nos hemos dado cuenta de la importancia del ejemplo que nos legó José Antonio y debemos reaccionar por el bien de España, ya que… tenemos sobre nuestras cabezas una lona y, frente a nuestra mirada, un mar azul y transparente. Hagamos de esta lona una vela navegante y lancémonos de nuevo por el mar a la conquista de las empresas imperiales. (7)  

(1) Entrevista cinematográfica filmada en Chamartín de la Rosa.

(2) Fernando Sánchez Dragó, La dragontea, en la revista Época, Madrid, 15 de abril de 1991.

(3) F.E. nº 2.

(4) Primo de Rivera, José Antonio: Obras. Edición cronológica, Delegación Nacional de la Sección Femenina del Movimiento, Editorial Almena, Madrid 1971. Pág. 235.

(5) Op. Cit. Obras. Pág. 247.

(6) Discurso pronunciado en el Teatro Cervantes, de Málaga, el día 21 de julio de 1935.

(7) Palabras dichas después del almuerzo celebrado en Villa Carlota, 1935.



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