Sobre Francisco Franco y su tiempo...
 
 
 
Dalí franquista
 
Eduardo Palomar Baró 
 
 
   En el 2004 se cumplieron los cien años del nacimiento de uno de los mayores genios de la pintura española: Salvador Dalí Domènech. Natural de Figueras (Gerona), nació el 11 de mayo de 1904.            
 
   Siguiendo la lógica de estos tiempos democráticos, por tratarse de una persona que se declaró y manifestó como “franquista”, ha sido ninguneado en múltiples ocasiones y, aprovechando sus premeditadas y estudiadas excentricidades, lo han puesto de chupa de dómine esos demócratas de toda la vida, que en su fanatismo ideológico y en su debilidad intelectual, no han logrado anteponer el reconocimiento de la calidad artística del genio, a cualquier condicionamiento político. Al igual que a Dalí, han dispensado el olvido a otros ilustres personajes de las letras, de claras tendencias “fascistas”, según esa tropa izquierdosa, tales como: Manuel Machado, Ramiro de Maeztu, Azorín, Eugenio D’Ors, Eduardo Marquina, Agustín de Foxá, José Mª Pemán, Josep Pla, Rafael García Serrano, Ernesto Giménez Caballero, Ángel Palomino, Fernando Vizcaíno Casas, Ricardo de la Cierva, Pío Moa, etc., etc.  
 
 
Pinceladas sobre Dalí franquista
 
   Un nutrido grupo de intelectuales que logró evadirse de la España republicana o que no quiso regresar a ella, formó en el extranjero la agrupación  –o, mejor, conjunto, porque no intentó conexión alguna– llamada después la Tercera España, por su alejamiento de compromiso durante la guerra civil. Manuel Aznar, en ‘Diario de la Marina’ (febrero de 1937) cita una impresionante lista de intelectuales huidos del caos y la barbarie republicana lo antes posible, entre los que figuran Ramón Menéndez Pidal, los doctores Covisa y Marañón, los profesores Gustavo Pittalunga, Blas Cabrera, Jiménez Díaz, Américo Castro y Ramón Gómez de la Serna, el arquitecto y político catalán Puig y Cadafalch, el escultor Sebastián Miranda, amén de innumerables políticos presididos por don Niceto Alcalá Zamora y don Santiago Alba, tres presidentes del Consejo y catorce ministros de la República...
 
   Representante típico de la Tercera España es Salvador Dalí, que se marchó al poco de estallar la contienda, siendo uno de los pocos intelectuales españoles que desde el principio apoyó a Franco en la guerra civil española. El 7 de diciembre de 1936 llegó a Nueva York, apareciendo su fotografía en la portada del Times del día 14. El 15 expone en la galería Julien Levy. En esa exposición, entre otras obras, se cuelga el lienzo ‘Premonición de la guerra civil’. En marzo de 1937 publica ‘Je défie Aragon’, contra la facción surrealista comprometida políticamente con el comunismo.
 
   En 1948, Dalí vuelve a Europa y se establece definitivamente en Port Lligat, a poca distancia de Cadaqués.            
 
   En 1949 causó impacto nacional el anuncio en el teatro María Guerrero de Madrid, de la versión de ‘Don Juan Tenorio’ que iba a representarse, sobre figurines y decorados de Salvador Dalí, que produjeron un gran impacto por su gran belleza.  
 
 
Sobre la conferencia “Picasso y yo”
 
   Emilio Romero, en su libro “Testigo de la Historia”, relata la célebre conferencia ‘Picasso y yo’, que pronunció Salvador Dalí en el teatro María Guerrero de Madrid, el 11 de  noviembre de 1951, ante la presencia de un numerosísimo auditorio. El organizador de dicha conferencia fue el profesor Fraga, y el acto se enmarcaba dentro de la I Bienal Hispanoamericana de Arte. Después de haberse retrasado cuarenta y cinco minutos, Salvador Dalí salió al escenario. Las ovaciones y los silbidos se mezclaron de manera horrísona. Dalí esperaba con impavidez desafiadora, el final de la tormenta. Cuando el público dio por terminado su caluroso recibimiento, se puso en pie como un autómata, puesto que el temporal lo había soportado sentado estoicamente. Sus primeras palabras fueron éstas: “Picasso es español; yo también. Picasso es un genio; yo, también. Picasso tendrá unos 72; yo unos 48 años. Picasso es conocido en todos los países del mundo; yo también. Picasso es comunista; yo, tampoco”. Aquí empezaron las primeras ovaciones.            
 
   Dalí pronunció una breve, valiosa y españolísima conferencia. Se metió en el bolsillo a tirios y troyanos. Recabó para España todo, pero no caprichosamente; no por patriotismo ciego. Intentó hallar los motivos del “comunismo” de Picasso, y los halló, principalmente, “en la devoción de éste por la miseria. Posiblemente, la representación más viva de la miseria es ese dibujo del propio Picasso que se encuentra en el Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona. Es un hombre increíblemente harapiento, con restos de ropas que semejan una túnica corta, como si fuera un homenaje a la dignidad de la miseria”. Dalí contó la anécdota de aquel requerimiento que se hizo a Picasso para ir a América, “a través de un puente de oro”. Picasso admitió en seguida la posibilidad de dormir debajo del puente.             
   Finalizó Dalí su conferencia dando lectura a un telegrama que pensaba enviar a Picasso, solicitando también las firmas de los intelectuales españoles. El texto era otra prueba del talento del pintor catalán. Le decía que en Rusia se purgaba todo, hasta a la música. Pero que el espíritu católico español, que amaba la libertad, saludaba al genio anárquico de Picasso, y sentía el orgullo de saberlo español.  
 
 
Franco y Dalí            
 
   Muchos de los intelectuales que escaparon del Frente Popular han sido presentados después, sin el menor fundamento, como hostiles a la causa nacional. Ello se debe a la superposición arbitraria de la II Guerra Mundial sobre la Guerra Civil española, con el entrecruzamiento de dos propagandas culturales de muy diverso origen y sentido.            
 
   Dalí se incorporó con fervoroso entusiasmo al Régimen de Franco. Dalí admiraba al estadista Franco y Franco admiraba al pintor Dalí.
 
   A genial pintor, en los primeros años de la posguerra, la prensa le había tratado severa e injustamente y, por ejemplo, en ‘Vértice’, que era en 1939 la revista más intelectual de España, se habían reproducido algunas de sus obras surrealistas, tachándolas de “expresión de un arte decadente, que carece de los valores espirituales que hoy deben ser nuestra norma de vida y constituyen una expresión soez de materialismo pagano”. Todo había cambiado en nueve años; por eso, cuando regresa a España en 1948, Dalí era saludado con júbilo y entusiasmo. Dalí se instaló durante unos días en Cadaqués y allí recibió a Eugenio D’Ors, a Luys Santa Marina y a varios intelectuales catalanes, declarándose partidario del régimen franquista.
 
   El 16 de junio de 1956 es recibido por Francisco Franco en el palacio del Pardo. El 2 de abril de 1964 el gobierno de Franco le concede a Dalí la Gran Cruz de Isabel la Católica.
 
   Una de las pasiones de Franco desde los años veinte fue la pintura. En una larga conversación mantenida con Dalí, éste salió maravillado de los conocimientos del Caudillo sobre Vermeer y su tratamiento de la luz.
 
   En el año 1972 hizo donación de su obra al Estado español.          
 
   En mayo de 1973, Salvador Dalí da las últimas pinceladas al retrato que ha pintado a la duquesa de Cádiz. El acto tiene lugar en el museo del Prado, al pie del cuadro de Velázquez “Las lanzas”.
 
   Anuncia su intención de crear en Figueras un museo sensacional, que quedó ubicado en el antiguo teatro municipal de su ciudad natal, siendo inaugurado el Museo Dalí en 1974.  
 
 
Dalí entrevistado por Antonio D. Olano  
 
   En agosto de 1969, el joven periodista Antonio D. Olano entrevista en Cadaqués a Salvador Dalí, que con su habitual locuacidad y desparpajo dice cosas como ésta:
 
La instauración de la Monarquía en España es un gran paso, que sólo podía dar Franco, con su maravilloso instinto político. Además, Franco ha puesto en órbita a las Monarquías en Europa; aunque asombre a muchos, la próxima restauración monárquica tendrá lugar en Rumania [...]. Sólo los intelectualoides y los artistas, que caminan con 50 años de retraso, siguen creyendo en la vigencia del socialismo, que está desacreditado en todo el mundo [...]. El histerismo es nuestro gran mal; gracias a que, de vez en cuando, surgen españoles que no lo padecen, como Velázquez y Franco [...]. Felizmente, Franco es gallego, cualidades que se precisaban para dominar el anarquismo español [...]."       
 
   El libro “Dalí. Las extrañas amistades del genio”, de Antonio D. Olano, está lleno de revelaciones asombrosas gran parte de ellas relacionadas con el Generalísimo Franco a quien Dalí admiraba y respetaba en forma “escandalosa” para quienes consideraban “políticamente incorrecta” cualquier forma e adhesión al Jefe del Estado español. Olano deja escritas las horas felices de sincera y amistosa charla entre Franco y Dalí. Amistad que sólo fue vencida por la muerte:            
 
   En una ocasión Dalí declaró: «Una de las grandes cualidades que yo he tenido en mi vida es la de haber tenido un Generalísimo Franco». Calificaba a Franco y a Velázquez como «el colmo de la calma». «Tengo enorme admiración por el General Franco, que ha resucitado a España. Él proporcionó al país una enorme prosperidad económica».            
 
   En su primera visita, después de la guerra civil, a Madrid manifestó: «Vine para visitar a los dos caudillos de España. El primero, Francisco Franco. El segundo, Velázquez». Y tanto como admiraba a Franco despreciaba a los intelectuales: «todos de izquierda, todos rezagados en la Historia».            
 
 
Dalí en la enfermedad y muerte de Franco
 
   «Dalí estaba tremendamente afectado por la noticia de la enfermedad de Franco. Se encontraba en Nueva York, como siempre ocupaba varias habitaciones del hotel St. Regis. Le llamé por unas cuestiones relacionadas con el teatro y me saludó con esta pregunta: «¿Es cierto que Franco está muy grave?»             
   Todos los días se ponía en comunicación con el palacio de la Zarzuela, en donde le informaban puntualmente.            
 
   Dalí, apartado de la práctica de la religión desde hacía muchos años, decidió trasladarse todas las mañanas a la catedral de san Patricio. Se arrodillaba, hacía la señal de la cruz y oraba con gran recogimiento.            
 
   El 20 de noviembre fue informado, en el hotel, de la muerte de Franco. Pidió que le dejasen solo. Y lloró, lloró durante mucho tiempo, como no lo había hecho desde la muerte de su madre, como no lo volvería a hacer hasta la muerte de Gala».                    
 
 
El humor de Dalí            
 
   Salvador Dalí facilitó abundante tema a los humoristas, por ejemplo, cuando declaró el 26 de julio de 1975, en Mundo: “Los supercapitalistas españoles podemos estar tranquilos después de lo que ha ocurrido en Portugal. Ahora sí que no hay posibilidad de que en España se instaure una democracia socialista”. A Dalí le encantaba ir contra corriente, y como la moda en aquellas fechas, entre las figuras populares, consistía en reconocerse “socialistas de toda la vida”, soltó estas manifestaciones. El festejo de los camaleones y chaqueteros apenas había comenzado.            
 
   Cuando España ingresó en la UNESCO, exigieron al Gobierno español cerrar las casas de lenocinio, con lo que el control de las enfermedades venéreas se perdió absolutamente con las meretrices ejerciendo su oficio por las calles. Una vez le preguntaron a Dalí por la cosa más necia del mundo: ­La UNESCO­ dijo el genio.  
 
 
Sobre la manifestación del 1 de octubre de 1975
 
   El 27 de septiembre de 1975 se cumplen las condenas impuestas a cinco terroristas, tres pertenecientes al FRAP y dos a ETA, por varios delitos de terrorismo, agresión a la fuerza pública y asesinato.            
 
   Estos fusilamientos provocaron una campaña, hábilmente orquestada por toda la izquierda continental, para excitar a sus masas adictas, contra Franco y su gobierno. El premio Nobel soviético, Solzhenitsy, declararía meses después, algo evidente y esclarecedor: “El presidente del gobierno español fue asesinado y toda la Europa civilizada estaba encantada”.    
 
   A raíz de la multitudinaria manifestación que tuvo lugar en la plaza de Oriente el primero de octubre, y en la que el Generalísimo Francisco Franco habló por última vez a los españoles, hacía Salvador Dalí, el 3 de octubre de 1975, unas declaraciones en el diario francés ‘Le Monde’, de apoyo a Franco sin reservas: “Es el mejor regalo que se podía hacer a nuestro Generalísimo Franco. El éxito que acaba de cosechar con la manifestación en la que todo el pueblo español se agrupó en torno a él nunca se hubiera producido sin esos incidentes. La hostilidad de los países extranjeros le ha rejuvenecido. Esto prepara un éxito colosal al advenimiento de la Monarquía”.
 
   Salvador Dalí forma parte de la trilogía de los grandes pintores españoles en la época franquista. Dalí fue el más perseguido por los pseudo intelectuales del marxismo por haber declarado su simpatía por Franco. Es curioso que los tres más importantes pintores tengan su museo en Cataluña, y los tres museos se crearon bajo el régimen de Franco.  
 
 
La españolidad de Dalí
 
   Los últimos meses de la vida de Dalí, transcurrían en ser llevado de su cama a un butacón y del butacón a la cama. Eso sí: con música. Sólo con una: el himno nacional. Esta anécdota la contó Pixot a Racionero y éste la transmitió a Sánchez Dragó. El pintor de mayor notoriedad entre los de su siglo fallecía el 23 de enero de 1989.             
 
 
 
 
 


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