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FRANCO Y LA AGRICULTURA
De vez en cuando surge la pregunta de por qué Franco consideró ilegales los partidos políticos y parece que él pensaba que donde había miseria no podía establecerse una democracia moderna.
La situación social en los años 30, sobre todo en el sur de España, era muy injusta, las actuaciones de reforma agraria no daban buen resultado y se produjeron por injustas incautaciones de fincas a sus propietarios. Ante esta situación la labor sobre la agricultura durante los años en que ejerció la Jefatura del Estado se basó, a grandes rasgos, en las siguientes medidas.
En lugar de la reforma agraria de repartir fincas de secano en trozos de explotación irrentables, - que aún colean- la actuación se orientó a realizar transformaciones en regadío, para que el aumento de la productividad del regadío permitiera repartir la tierra constituyendo explotaciones rentables.
Esta labor la llevó a cabo el Instituto Nacional de Colonización, (posterior IRYDA) expropiando una parte de las fincas, para adjudicar parcelas a los colonos y edificarles viviendas.
Las obras de transformación en regadío en el interior de las fincas, sobre la superficie no expropiada, debían hacerlas los propietarios a sus expensas y a los colonos se las hacía el Instituto, proporcionándoles también capital circulante –ganado, semillas- para la explotación.
En cada zona se llevaba una contabilidad a cada colono pues debían retornar el importe de adquisición de la tierra, en secano, la inversión realizada en obras, descontadas las subvenciones a las que legalmente tenían derecho y los gastos de campaña que se les facilitaba. Así se instalaron más de 29.000 colonos, se transformó en regadío algo más de 1.000.000 de hectáreas, y se construyeron 287 pueblos.
Las regiones en las que se hicieron más actuaciones fueron Andalucía, Extremadura y Aragón, que junto a las 2 Castillas alcanzaban el 90% del total nacional. En la mitad norte de España tuvo más importancia el proceso de concentración parcelaria en la que tomaban parte representantes de los propietarios, y que adjudicaron 5,5 millones de hectáreas, pasando de 16,31 a 2,17 millones de parcelas.
En cuanto a las explotaciones agrarias en general se creó el Servicio Nacional del Trigo, posteriormente de Cereales y unos años después de Productos Agrarios, (SENPA) para garantizar un precio de compra de la producción y para regular el mercado en situaciones de precios excesivamente altos o bajos, almacenando la producción en una red de más de 600 silos que seguimos viendo destacados en el perfil de otros tantos pueblos.
La actuación a favor de los agricultores y de sus familias ayudándoles a conocer mejor toda la técnica y la economía de su explotación, así como la economía doméstica, la ejercieron los agentes del Servicio de Extensión Agraria.
En los años de mayor desarrollo, el Banco Mundial emitió un informe “desaconsejando” las transformaciones en regadío y recomendando orientar las grandes fincas a la producción ganadera, incluso financió la Agencia de Desarrollo Ganadero dependiente del Ministerio de Agricultura.
La inveterada costumbre española de valorar más lo extranjero que lo propio provocó que estando yo en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos, un destacado profesor dijera: “Todos los cuerpos profesionales tienen algo que ocultar, los agrónomos el Plan Badajoz”, y otro profesor, también técnicamente bueno y que era partidario de la ”reforma agraria” nos explicaba como el Instituto Nacional de Colonización “había extendiendo la miseria por los campos de España”.
Éste, cuando tras la Reforma Política estuvo al frente de la Reforma Agraria de Andalucía, no hizo nada reseñable salvo dejar unos conflictos en la adjudicación de la propiedad y que, además dieron lugar a extracciones fraudulentas de agua de acuíferos que perjudican al Parque de Doñana. Hoy, Extremadura, Aragón y una buena parte de Andalucía, viven del regadío, porque no es que el Banco Mundial careciera de razón, es que era…. un banco, y no tenía entre sus objetivos la labor de crear la riqueza que se deriva de los regadíos ni transformar socialmente grandes zonas que, en muchos casos, cuentan con una agroindustria desarrollada, que es uno de los sectores punteros de la economía nacional.
En mi experiencia he conocido con motivo de mi ejercicio profesional a un Consejero de Agricultura y Alimentación de Aragón; a un Jefe del Gabinete de la Junta de Extremadura y a un Director General de Turismo también de la Junta de Extremadura, todos ellos hijos o nietos de colonos.
¿Hay alguna actuación que pueda presentar un ascenso social semejante? Y quiero hacer constar que esta información no es exhaustiva, no es fruto de ningún rastreo, sólo es lo que, personalmente, me he encontrado. Otros casos similares habrá. Si Franco pudiera ser juzgado por los que pretenden su exhumación, bien podría preguntarles: ¿Por cuál de estas obras me exhumáis?
José Luis Montero Casado de Amezúa. Ingeniero Agrónomo.


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