Historia
 
 
 
Las Universidades Laborales

Alberto L. Nuñez

Las Universidades Laborales suponen uno de los mayores avances sociales del Ministerio de Trabajo, en la época en que estaba capitaneado por el sector azul del Movimiento, en la persona de José Antonio Girón de Velasco.

Estas Universidades responden al afán falangista de formar integralmente hombres y mujeres forjados en los ideales del Estado Nacional del 18 de julio, y fundamentalmente en el humanismo cristiano y patriótico del Régimen.

El propio Girón de Velasco comenta en sus memorias este afán de formación y atención integral de los españoles al decir: “una vez atendida la primera línea de flotación, es decir las necesidades apremiantes de los hombres: alimento, vivienda, vestido y asistencia sanitaria, creo que la igualdad de los hombres en la cultura es la única base sólida para la paz social, mucho más sólida que la que ofrece una igualdad económica.”

Así pues, podemos resumir el fin de las Universidades Labores en un triple objetivo:

Desproletarización de la clase obrera: se busca fundamentalmente librar al trabajador del dogma marxista de la lucha de clases, y le elevación de su nivel económico y social.

Atraer a los hijos del otro bando combatiente en la Guerra a las filas del Estado del 18 de Julio, promoviendo la reconciliación entre españoles y desterrando la división en vencedores y vencidos.

Fundir en el camino formativo el mundo laboral y el mundo académico, proporcionando al alumno no sólo los conocimientos técnicos necesarios para trabajar, sino también una amplia cultura que eleve su nivel de vida.

Los fondos para sufragar estas Universidades salían de las boyantes Mutualidades del Trabajo. Los alumnos (con un máximo de 430 internos y 230 externos por universidad) eran seleccionados en última instancia por el Ministerio de Trabajo, después de una selección previa por las Mutualidades de aquellos que más lo necesitaban por motivos sociales. Los criterios para la selección eran tres, teniendo preferencia los huérfanos de mutualistas e hijos de familias obreras con pocos recursos, las familias numerosas y aquellos descendientes de padres con méritos sociales (que no se especificaban, pero que podían resumirse en colaborar con la obra social del Régimen y la ejemplaridad en el desempeño de su trabajo).

Se estableció que cada Universidad Laboral tendría como mínimo tres secciones:

- Sección de Formación Profesional, distribuida en 4 grados académicos, desde los 12 hasta los 21 años (para los que eligieran seguir este itinerario en el tercer grado). Existían dos especialidades, laboral y agrícola.

- Sección de Formación Técnica, para los alumnos con mayor capacidad intelectual, organizada en Bachillerato Laboral, Bachillerato Laboral Superior, Graduado Laboral (concebido como una especialización del anterior) y Estudios Superiores Laborales (en realidad, ingenierías técnicas).

- Sección de Capacitación Social y Perfeccionamiento profesional.

Por otra parte, a todos los alumnos se les daba una Formación Humana basada en 4 pilares: Religión, Formación del Espíritu Nacional y Educación Física, Magisterio de las Costumbres y Formación Estética (artes y cultura en sentido amplio), a fin de proporcional a los alumnos una formación cultural integral e inspirada en los ideales cristianos y patrióticos del Estado Nacional.

A modo de conclusión, podemos decir que las Universidades Laborales fueron centros en los que los hijos de los obreros tuvieron la oportunidad de progresar cultural y socialmente, adquiriendo una formación técnica y cultural muy exigente. Estuvieron en funcionamiento desde 1955, año en que se inauguró la Universidad Laboral de Gijón, hasta el año 1989. Por sus instalaciones pasaron más de 500.000 alumnos, tanto chicos como chicas, e incluso algunas de ellas tuvieron una sección de formación para adultos. El total de Universidades creadas bajo la inspiración de los ideales de la Falange fue de 21, bajo el auspicio de José Antonio Girón de Velasco, que hizo realidad el punto 24 de los 27 puntos del programa esencial de la Falange joseantoniana, que rezaba: “La cultura se organizará en forma que no malogre ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso incluso a los estudios superiores.”



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