Fui a ver a Nixon y me dijo que estaba muy preocupado con la situación en España.
― “Quiero que vayas y hables con Franco sobre lo que acontecerá después de él.” Yo le dije:
― “Señor presidente, éste es un asunto del que no se habla en España desde hace cuarenta años”
― “Él comprenderá, vaya usted”, dijo
Fui. Toda la noche en el avión pensaba cómo se lo iba a preguntar. Me recibió en El Pardo con el ministro López Bravo. Franco estaba de pie, le di una carta de Nixon en la que le pedía que hablara francamente conmigo. Yo había estado en Madrid con Eisenhower y Franco me conocía.
― “Su presidente quiere que le hable francamente, de qué?” Yo le dije:
― “Mi general, por un accidente de la historia, el Presidente de los Estados Unidos tiene mucha responsabilidad en varias partes del mundo. El está muy preocupado por la situación en el Mediterráneo Occidental, tiene mucho interés y respeto por su opinión y quiere saber como ve usted los acontecimientos futuros en el Mediterráneo Occidental”. El me dijo:
― “Lo que realmente interesa a su Presidente es lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no?”. Le contesté:
― “Mi general. si”
― “Siéntese, se lo voy a decir: yo he creado ciertas instituciones, aunque nadie piensa que funcionarán. Están equivocados: el Príncipe será Rey, porque no hay alternativa...” Yo le dije:
― “Pero mi general, ¿cómo puede usted estar seguro?”
― “Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de España hace cuarenta años”
Yo pensé que iba a decir “las Fuerzas Armadas”, pero él dijo:
― “La clase media española. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español. No habrá otra guerra civil.”
Dicho esto, se levantó, me dio la mano y ya había terminado la entrevista.
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